Campeones de Copa después de 18 años


Definitivamente no hay nada comparable con ganar un título, es la mayor sensación que un seguidor de un equipo puede sentir. La satisfacción es aún mayor cuando se gana una final tan dramática en tiempo extra y al, para la mayoría, mejor equipo del mundo y, según ellos, de la historia del fútbol (lo cual para mí es bastante discutible; cuestión de enfoques).

Debo confesar que tuve unas horas previas con bastante tensión, tratando de aislarme lo mejor que pude, pero fue imposible. Imaginé varios escenarios posibles de victoria: ganar con claridad, ganar en penales, ganar en un partido de ida y vuelta o ganar apretadamente de último minuto. Al final, la realidad fue el último escenario, pero cualquiera que hubiera sido, el sentimiento de ganar algo es indescriptible, único... y más cuando habíamos padecido pésimos momentos los últimos dos años. Ganar esta final contra este equipo tiene su mérito y una relevancia enorme para el Real Madrid. Su importancia no es tan sólo el título en sí, sino la repercusión en el corto y mediano plazo. Nos olvidaremos de las prisas porque ya ganamos algo este año, Mourinho lo logró en su primera temporada. Pase lo que pase en la semifinal de Champions, creo que el equipo ha superado todas las expectativas para esta temporada.

Vayamos al partido, del cual no me pretendo hacer un análisis táctico profundo, considerando las diversas crónicas que seguramente muchos hemos estado leyendo estas últimas horas. La primera mitad fue toda del Madrid, desactivando el medio campo culé, robando balones en zonas de ataque y teniendo las mejores oportunidades para ponernos al frente. Estuvo el remate de Pepe al poste (lo vi dentro), los dos tiros de Cristiano, pero sobre todo la presencia física del equipo en la zona peligrosa del Barcelona. Este Madrid fue mucho más agresivo en la presión y en la búsqueda del gol. Cuando maduren Özil y Di María para tener la calma y fuelle necesario en los últimos metros... Partidazo de Pepe y Khedira por cierto, muy importantes los dos. Quien perdió algo de efectividad fue Xabi Alonso, engullido por la telaraña culé e incapaz de dar el tiempo al partido.

El segundo tiempo fue distinto, ya que el Madrid parecía incapaz de salir de su campo, ya no presionaba tan adelante y el Barcelona tuvo varias llegadas de mucho peligro, dos de Pedro (un gol bien anulado), otra de Iniesta y otra de Messi. El Madrid sufría bastante, reventando cada balón que recuperaba intetando encontrar, sin éxito, a un Cristiano muy solo en ataque. Di María fue casi otro lateral y Özil se diluyó en los ataques del rival, cuyo principal mérito fue reubicar a Iniesta, Pedro y Messi. Por cierto, Villa parece un jugador vulgar si lo comparamos con sus compañeros; se pierde como única referencia y no parece entender los movimientos de sus compañeros. Aunque eso sí, la defensa madridista estuvo a un nivel impresionante, todo por igual. Por fin pude ver un Madrid ultra-competitivo en todas las líneas, con personalidad, mando, tranquilidad. No veía un partido tan serio del Madrid desde la vuelta en Old Trafford en 2003, donde a pesar de dominar el medio campo terminamos encajando 4 goles por la defensa tan mala que teníamos aquel entonces.


A estas alturas casi estaba seguro que no podríamos ganar, simplemente porque no podíamos salir de nuestro campo y el asedio era constante. Mi pesimismo llegó a tal grado que pensé que no merecíamos ganar jugando así, pero es que con tanto nervio, los latidos a mil por hora, el estrés de pies a cabeza, a veces uno piensa cualquier cosa.

El partido terminaba en sus 90 minutos y todo parecía indicar que tendríamos penales porque no se veía por donde. Pero el Madrid pareció revivir en la prórroga, volviendo a crear serio peligro en ataque, sobre todo por medio de un Cristiano liberado de su posición de delantero centro. La entrada de Adebayor fue fundamental para que el portugués pudiera sentirse mejor arrancando de más atrás. Cristiano tuvo una en carrera a pase de Xabi, dejando en ridículo a Adriano y Piqué; su remate se fue lamiendo el poste de Pinto, quien ya había sacado varias minutos antes. El Madrid siguió insistiendo y el gol llegó en una recuperación de Marcelo, quien en una de las pocas llegadas al área culé hizo un jugadón con Di María, quien por cierto también dejó en evidencia en velocidad a Alves, centro perfecto del argentino y Cristiano se elevaba sobre Adriano para poner el 1-0 en el marcador.


¿Qué sentí? Algo imposible de creer después del grito, muchos nervios sabiendo que aún faltaba tiempo por jugarse pero estuvo al borde del llanto. Miles de imágenes rondaron mi cabeza. Por fin estábamos muy cerca de ganar un título y ante nuestro máximo rival, con gol de la gran figura del madridismo, criticado hace algunos meses por algunos imbéciles. Por fin Cristiano demostraba su valía en un partido de peso.

El partido llegaba a su fin, el barcelonismo incrédulo en la tribuna y en todo el mundo. El madridismo eufórico y con un gran peso menos sobre nuestra espalda. Celebraciones, gritos, llanto. El Madrid es Campeón de Copa 18 años después, terminando con la hegemonía de los semidioses.


¿Qué representa este título? Callar las bocas de varios periodistas que acribillaron a Mourinho por el 1-1 en el Bernabéu y por 5-0 del Camp Nou. Ganamos en confianza y nos vengamos de esa goleada quitándoles un título que por decreto parecía ya de su propiedad. Pase lo que pase el 3 de mayo, el Madrid ha cumplido este año en su primera temporada con Mourinho al mando. Ganar con este equipo tan joven tiene mucho mérito. Esto acabará con las prisas, le dará crédito a Mourinho, tranquilidad a los directivos, sobre todo. Creo que Mou se ha ganado el derecho a continuar sin presiones mediáticas y a reforzar el equipo en las zonas más frágiles o incompletas de cara a la próxima temporada. El equipo ha dado la talla, ha recuperado la capacidad de competir, de defender con orden, un sentido táctico imponente que no le veía al Real Madrid desde hace mucho tiempo o quizá nunca. Siempre soñé con que el Madrid pudiera mandar en sus partidos, mostrar personalidad para ganar y controlar los tiempos. Se nota la mano del entrenador, para mí, el mejor del mundo. Ojalá nunca te vayas José, eres el Dios del madridismo.

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